RUSIA: su presente

 

Ricardo Osvaldo Rufino  mir1959@live.com.ar

RUSIA posee 17.000.000 de kilómetros cuadrados, su territorio es el más extenso del mundo y constituye la octava parte del planeta, en su parte continental.

Tiene 142.000.000 de habitantes. No registra en la actualidad crecimiento poblacional, al contrario cada año su población disminuye un 0,5%. De continuar con esta tendencia demográfica, en el año 2025 su cantidad de habitantes decrecerá un 12%, por lo que tendrá 125 millones, es decir 17 millones menos que en el presente.

Rusia es un país rico. Es el segundo exportador mundial de petróleo -luego de Arabia Saudita-  y el primero de gas natural. Posee enormes y valiosas reservas minerales (explota 15 de los 30 minerales conocidos) y el 20% de las reservas de agua dulce del planeta, en el lago Baikal, en Siberia.

El primer ministro Vladimir Putin en el término de diez años logró duplicar la economía de este inmenso país. 

El canal Infinito tuvo el año pasado una excelente idea: realizar un gigantesco trabajo documental con los cuatro países que parecen marcar un nuevo rumbo en el mundo y se perfilan como un polo de poder muy importante: Brasil, China, India y Rusia. Los mencionados conforman el ya famoso BRIC.

Colocó al frente de la descomunal tarea al sagaz y experimentado periodista argentino Jorge Lanata.

Éste viajó miles y miles de kilómetros, contó con el apoyo estratégico de cámaras y traductores e intentó indagar sobre la realidad actual de estas cuatro naciones. Y logró conformar una muy buena realización periodística que llevó por título “BRIC, el nuevo mundo”. 

Particularmente en el caso de Rusia constató que su riqueza –que es indiscutible-  está inmensa e inmoralmente concentrada.

Ocho corporaciones manejan el 85% de los negocios de todo el país. Además, existen altísimos niveles de evasión. Solamente en Moscú hay 62 personas que tienen fortunas de más de mil millones de dólares. Esta concentración se originó a partir de la desintegración de las ex grandes empresas estatales de la época soviética y socialista. En numerosos casos, los propios burócratas de esas empresas se quedaron con el manejo de las mismas, y hoy constituyen la porción mayoritaria del grupo de millonarios que circulan en poderoso vehículos por las calles de las principales ciudades rusas. 

Ejemplo de un país dual: a metros de la plaza Roja de Moscú, se encuentra el Gum, que es el shopping más caro del mundo. El lujo de las mujeres que lo visitan es alucinante. Y al mismo tiempo, Rusia presenta un alto índice de población ubicada debajo de la línea de la pobreza. Dato que ocultan muy bien las autoridades. 

El periodista argentino inició su estadía en el gran país euro-asiático con una premisa muy particular: hallar en su recorrida el “espíritu de Rusia”. Hizo bien, porque el alma rusa parece oculta en el presente entre tanta nueva modernidad, entre tanto lujo y entre tanta desigualdad (no debemos olvidar que el antecedente más cercano de esta “flamante” Rusia es la anterior URSS, en la que -supuestamente- lo que predominaba en lo social y económico era la equidad).

Para lograrlo habló con diversas personas. Por ejemplo, con Marcos Khatsernov, un científico jubilado que cursó parte de su ciclo escolar primario cuando todavía Stalin ocupaba el máximo poder enla UniónSoviética.Que opinó lo siguiente: “Acá todos los cambios siempre venían de arriba”. También señaló amargamente que “nosotros creíamos verdaderamente en nuestros líderes, pero nos terminaron traicionando”.

Una locuaz estudiante universitaria llamada Svetlana Hotyblova explicó que ahora los rusos deben permanentemente escoger, elegir, decidir. “Antes las casas tenían prácticamente los mismos muebles, la misma ropa de cama, la misma vajilla”, recordó. También argumentó que “los rusos parecen locos justamente por esa necesidad de decidir constantemente. No estaban acostumbrados a ello, y esto los desequilibra”.

En otra parte de la entrevista, Svetlana proporcionó un punto de vista realmente fuerte. Opinó que “este es un país muy grande, único, pero el problema es la gente, la gente es la misma, no cambia. Cambian los coches, cambia la ropa, pero la gente no”. Además, fue concluyente al aseverar que “en Rusia no hay democracia. Eso está más que claro”. ¡Qué notable! En esta nación hubo un cambio institucional, político, organizativo y de sistema muy profundo e incuestionable, sin embargo esta estudiante continúa visualizando que la mentalidad de sus habitantes no se ha modificado.

Con esta percepción coincidió José Carlos Gallardo, periodista y corresponsal de Televisión Española (TVE), que tomando un café con Lanata le confesó: “Los rusos siguen siendo comunistas en su esquema mental. El ruso medio siempre necesita que alguien de una orden”.

Claro, alguien podrá decirme que las conductas sociales son mucho más lentas para ser modificadas, que las estructuras políticas y/o institucionales. Y tendrá razón… 

También se entrevistó con María Drokova, dirigente del “NASHI”, que es el movimiento juvenil más grande del país. Veamos que interesantes los conceptos de la joven: afirmó que su movimiento es antifascista y tiene como objetivo estimular las prácticas democráticas en la sociedad, porque “las costumbres de la gente no son democráticas”, sentenció.

Claro, transcurrieron 74 años (desde 1917 hasta 1991) en que la ciudadanía rusa estuvo bajo un régimen totalitario…Y antes de ese período,  el reinado del Zar también, obviamente, tenía características totalmente alejadas de lo que se considera un sistema libre y con derechos cívicos.

María Drokova pese a su toma de conciencia y lucha no se mostró demasiado optimista. Aseveró que tendrán que pasar “varias generaciones” para que la cultura democrática reine en su país, porque “todavía hay muchas personas que creen que en Rusia debería existir una monarquía o algo por el estilo”. La consigna con la cual están trabajando en la actualidad en el seno de su agrupación, es estimular a la gente para que se acostumbre a no depender tanto del Estado, a no esperar todo del gobierno, sino habituarse a tomar la iniciativa de sus propias acciones. 

En conclusión, la sociedad de este inmenso país vive un momento excepcional de su extendida historia. Los rusos aún no entienden la dimensión del cambio que se ha producido en su propio país. Aparecen como confundidos y desorientados ante las nuevas reglas de juego. Y no adaptados a una situación realmente novedosa. Es como que  han perdido los parámetros del pasado, que convertían a sus vidas en algo previsible. Tienen un sentimiento de cierta añoranza por un pasado en el que la vida parecía más sencilla. “Papá-Estado” regía todo y les marcaba a los habitantes lo que debían hacer y cómo tenían que pensar. Jorge Lanata, mientras circulaba por las calles de una Moscú siempre deslumbrante, en un momento de su reflexión, dijo: “A los rusos parece pesarles el Destino más que sus cuerpos. Arrastran su Destino, cargan con él. Caminan como apesumbrados niños viejos que ya han visto todo…”.

Se puede utilizar una figura metafórica para entender la actualidad del pueblo ruso: viajaba hacia un destino predeterminado en barco X. Sobre la marcha e imprevistamente le reemplazaron la nave por otra. Pero el rumbo continúa siendo el mismo, Quiero decir con esta representación que el país y la gente son los mismos, pero el sistema que conduce al país y a su gente es otro. 

Cuando el periodista argentino preguntó ¿existe una nueva Rusia?, le respondieron que aún no, pero la mayoría de los entrevistados indicó que hay fundadas esperanzas en la juventud rusa. Que aparece con una mentalidad más abierta, que no está atada a los cánones de la era soviética, que se deslumbra mucho más por las posibilidades que brinda la libertad (a veces bien entendida, a veces no) de elegir, de pensar, de votar, que no espera todo del Estado, etc. Y que se constituye, a mi criterio, en el elemento clave de esta posibilidad de cambio de la sociedad rusa.

Pero claro, en los temas sociales siempre hay otra versión o punto de vista, por eso son tan apasionantes. El científico jubilado Marcos Khatsernov opinó que él no tiene demasiadas expectativas en la juventud de su país porque la ve “demasiado materialista”. La observa demasiado guiada por el afán de lucro y no por principios morales. 

Rusia siempre significó un gran enigma, un verdadero misterio, para la mayoría de los occidentales. Ahora se encuentra en una etapa de plena transición, los cambios asoman con lentitud pero están ocurriendo, son evidentes para el que mira con atención y está dispuesto a descubrirlos. El más grande país del planeta es siempre un escenario subyugante para los que anhelamos vislumbrar hacia donde va el mundo. 

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