Continúa el clima convulsivo en Siria

Ricardo Osvaldo Rufino  mir1959@live.com.ar

Días atrás escribí una nota sobre las convulsiones que estaba produciendo una gran masa de población siria movilizada contra el régimen autoritario de Bassar al Asad. Un régimen que es laico, pero controlado por la minoría chiíta, y que es aliado de Irán y del partido chiíta libanés Hezbolláh y su milicia.

Y resulta interesante constatar como avanza este movimiento de protesta cada vez más extendido, que  ha desatado estos días una brutal represión gubernamental contra las decenas de miles de manifestantes que se han lanzado a las calles de Damasco y de otras ciudades del país asiático para reclamar libertad y democracia.

Precisamente opinaba en mi artículo que, a mi criterio, los sirios laicos decididos a tomar las calles de su país no se iban a contentar con la disminución del nivel represivo del actual gobierno, sino que lucharían a todo o nada: por libertad y democracia.
La novedad más reciente es que el viernes 8 de abril, tras el tradicional rezo en las mezquitas de toda Siria, miles de miembros de la oprimida comunidad mayoritaria sunnita se manifestaron para demandar reformas a Bassar al Asad, quien heredó en el año 2000 la presidencia, tras morir su padre, Hafez al Asad, que había llegado al poder en 1970 tras un golpe de Estado.
Como en la mayoría de los regímenes dictatoriales del mundo árabe que hoy día son escenario de revueltas masivas de la población, la familia Asad mantiene férreamente en sus manos el control de todo el poder en Siria. De ahí que los manifestantes del viernes desataran su odio contra ella encendiendo una hoguera ante una estatua de Hafez al Asad, lo que desató de inmediato la represión.
Agentes apostados en las inmediaciones dispararon con ametralladoras provocando decenas de muertos, mientras los incidentes y enfrentamientos entre manifestantes, fuerzas policiales y leales al régimen se extendían a otras regiones del país.

Los opositores gritaban y enarbolaban carteles contra la corrupción y nepotismo del régimen de Al Asad y contra sus principales aliados, Irán y Hezbolláh.
Más tarde,  cientos de personas incendiaron una comisaría y una sede del partido gobernante, el Baas –del mismo origen que el Baas iraquí de Saddam Hussein– en la localidad de Tafas, al término de los funerales por algunos de los manifestantes muertos el día anterior.

Por otra parte, el secretario de la ONU, Ban Ki-moon, habló ayer por teléfono con el presidente sirio y le subrayó que la violencia contra manifestantes pacíficos es “inaceptable”. En un comunicado emitido poco después,  al Assad dijo que el país avanza hacia “reformas integrales” mientras el ejército reforzaba el control en las ciudades donde se produjeron las manifestaciones
Los analistas de la zona evalúan que en Siria las protestas no seguirán el camino no cruento que tuvieron las de Túnez o Egipto, sino que podrían ser más similares a las de Libia. Y evalúan bien –a mi entender- porque la población de Siria se ha caracterizado históricamente por poseer un nivel de politización y concientización mayor que la población de Libia.

Seguramente esta novela se desarrollará por capítulos y habrá que estar muy atento para observar la evolución de los sucesos que acontecen en Siria.

A %d blogueros les gusta esto: