Obama en América Latina: Una visita de negocios

Ricardo Osvaldo Rufino  mir1959@live.com.ar

 

Para los latinoamericanos, la reciente visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a Brasil, Chile y El Salvador, es un episodio digno de ser observado con atención y analizado con el objetivo de extraer conclusiones. 

La más alta dirigencia del “país del Norte” se ha caracterizado históricamente por su pragmatismo, pero también por su ánimo por influir políticamente especialmente en las naciones de esta parte del mundo. Y Obama se ocupó de aclarar que los países de América Latina “que crecen sobre la base de su propio esfuerzo y capacidad” son ante todo una oportunidad.

Al respecto, el analista internacional Jorge Castro en un artículo publicado por el diario Clarín de Buenos Aires, el 22 de marzo, opinó que “El interés y la voluntad norteamericana –una misma cosa- presumen que una oportunidad es lo que no debe nunca perderse”. 

Ahora bien, ¿cuál es la oportunidad que en la actualidad le brinda la región a Estados Unidos? ¿De qué oportunidad estamos hablando?

En la situación mundial de 2011, América Latina, encabezada por sus grandes países emergentes –Brasil y México- tiene relevancia para la primera potencial internacional, al constituir –junto con China e India- los mercados de los que depende el crecimiento de sus exportaciones industriales en los próximos diez años.

Por primera vez en su historia, las exportaciones norteamericanas a los países emergentes superaron a las dirigidas a la Unión Europea y Japón (56% del total en 2010). Las exportaciones estadounidenses aumentaron 19% el año pasado en promedio, pero las orientadas a China crecieron 35%, a India 38%, a México 56% y a Brasil 34%. Precisó el mandatario norteamericano: “Estados Unidos exporta tres veces más a América Latina que a China, y nuestras exportaciones a la región sustentarán más de dos millones de empleos en EE.UU.”.

Es por esto mismo que Barack Obama dijo en Santiago de Chile que “América Latina es más importante para EE.UU. como nunca antes lo fue, y se va a volver más importante con el tiempo, pues cada vez más el continente latinoamericano está colaborando en la prosperidad global”.

En efecto, la afirmación de que la “prosperidad global” depende del mundo emergente no es una metáfora, es la comprobación de un hecho concreto: la economía mundial creció 5,5% en los primeros tres meses del año, y más del 80% de este auge provino del mundo emergente, encabezado por los tres gigantes ya mencionados: China, India y Brasil. 

Resulta interesante advertir que el presidente norteamericano prácticamente no habló de política en esta gira, solamente se encargó de dejar constancia de su respeto por los “propios caminos” que las naciones de esta parte del mundo toman para arribar a la democracia.

Su interés consistió en asegurar mercados para los productos de exportación de su país. En definitiva, su actitud reafirmó una vez más ese pragmatismo del que hablaba al comienzo de esta nota.

En otros tiempos, los más encumbrados dirigentes estadounidenses mostraban una notoria preocupación por la marcha ideológica de los países latinoamericanos –que de alguna manera consideraban de su pertenencia-  por sus posiciones políticas, por sus tendencias, por sus alianzas. 

Ahora, apenas superada la primera década del siglo XXI, Obama muestra con claridad ser la voz número uno de una postura un tanto diferente, extremadamente práctica, realista y con la mirada puesta exclusivamente en el futuro. Una postura que parece haber comprobado que el dominio mundial en el contexto actual pasa mucho más por la vitalidad y lozanía de las economías, por el volumen productivo de los estados, por la participación de los mismos en el comercio internacional. Y mucho menos por los sistemas políticos que adoptan los países.

A mi criterio, los máximos líderes de Estados Unidos han concluido hace ya un buen rato en que las debilidades institucionales de algunas naciones de América Latina y sus irritantes desigualdades sociales, no constituyen un obstáculo que impida su crecimiento económico y su conversión en el tercer gran espacio del mundo emergente, luego de China e India.

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