Más computadoras, más cambios, más dilemas

 

 

Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

 

Los que observamos con interés la marcha de la economía y del trabajo en el escenario internacional, quedamos ciertamente preocupados con el último artículo del Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, publicado recientemente por el The New York Times.

¿Qué afirmó concretamente el economista?

Dijo que es una verdad universalmente aceptada que la educación es la clave del éxito económico. Que todo el mundo sabe que los empleos del futuro requerirán niveles de capacitación más altos que nunca.

Precisamente, el presidente Obama acaba de opinar que “si queremos más buenas noticias sobre el empleo (*Estados Unidos está teniendo serios problemas con este tema), tenemos que hacer más inversiones en educación”.

Sin embargo, Krugman nos sorprende señalando que “lo que todo el mundo sabe es equivocado”.

¿Por qué es esto?

El premiado norteamericano indicó que la creencia de que la educación es cada vez más importante se basa en la noción de que los avances tecnológicos incrementan las oportunidades laborales para quienes trabajan con información; dicho en términos más sencillos, que las computadoras ayudan a los que trabajan con la cabeza y que perjudican a los que trabajan con las manos.

Añadió que las computadoras sobresalen en tareas rutinarias, tareas cognitivas y manuales que pueden realizarse siguiendo reglas explícitas. Así, cualquier tarea rutinaria –categoría que abarca diversos trabajos administrativos, no manuales- se encuentra en la línea de fuego de la desocupación.

Por el contrario, los trabajos que no se pueden llevar a cabo siguiendo reglas explícitas –desde choferes de camiones hasta porteros de edificios de propiedad horizontal- tenderán a crecer aun a pesar del progreso de la tecnología.

Ejemplificó esto con un artículo del The Times londinense acerca del uso creciente de software para realizar investigaciones judiciales. Resulta que las computadoras pueden analizar rápidamente millones de documentos legales, haciendo de un modo muy económico una tarea que requeriría ejércitos de abogados y asistentes.

En este caso, entonces, el progreso tecnológico, en contra de la creencia generalizada, está reduciendo de hecho la demanda de trabajadores con un alto nivel de educación.

Y he aquí el nudo de la cuestión: afirma Krugman que la mayor parte del trabajo manual que todavía se hace en numerosos países parece ser del tipo del que es difícil de automatizar.

Mientras tanto, buena parte del trabajo administrativo que hoy realizan trabajadores con un alto nivel educativo y una remuneración relativamente elevada, pronto podrían ser computadorizados.

Da una muestra contundente sobre esta realidad: “Aún falta muchísimo para que haya porteros-robot; en cambio, la investigación legal automatizada y el diagnóstico médico por computadora ya están aquí”, dijo.

Impresionante.

Esta es la preocupación de la que hablaba al comienzo de este escrito. Permanentemente nos dicen que apostemos muy fuertemente por la educación y la formación de nuestros hijos, que ese es el único camino viable para que ellos logren una ubicación en un mundo actual y futuro hípercompetitivo y con sitio  para muy pocos.

Pero ahora Krugman argumenta que los empleos con menor exigencia educativa serán los más difíciles de reemplazar…, y así rompe este esquema.

Al respecto, una investigación reciente de los economistas de la Universidad de Princeton, Alan Blinder y Alan Krueger, demostró que los empleos bien pagos realizados por trabajadores con un alto nivel de educación tienden a ser más “tercerizables” que los trabajos realizados por trabajadores menos calificados y con sueldos bajos.

Para dejarnos pensando y más preocupados aún, el autor de esta nota dispara una frase rotunda: “Ya no es tan cierto que un título universitario garantiza un buen empleo, y con el correr de las décadas es cada vez menos cierto”.

Y concluye con la siguiente expresión: “Lo que no podemos hacer es llegar adonde queremos ir simplemente otorgándoles a los trabajadores títulos universitarios, que pueden ser no más que pasaportes a empleos que no existen más”.

Siguiendo el hilo del razonamiento de Paul Krugman pienso que las sociedades de las naciones más avanzadas y desarrolladas van a llegar a un nivel y a un estadio de educación tan grande, que verdaderamente van a ser más solicitados aquellos empleos más simples (carpinteros, plomeros, vidrieros, albañiles, gasistas, etc.) y más cercanos a la mano de obra común. Sencillamente porque va a existir menor cantidad de personas dedicados a ellos. Ya se observa algo de eso en muchas ciudades importantes de países importantes.

Lo que indica que las afirmaciones de Krugman no son un delirio ni mucho menos. Representan, en definitiva,  la exposición teórica de un problema práctico que ya asoma.

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