Eclosión en Medio Oriente. Sus verdaderas causas

Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

 

 Estamos en la otra mitad del mundo. Pertenecemos a Occidente. Nuestra raza es diferente y practicamos otra religión, el Cristianismo. Contamos con una concepción más elevada sobre la legítima prerrogativa que tenemos a que se respeten nuestros derechos cívicos y  la importancia que tiene vivir bajo el imperio de la ley, en democracia. Y en un clima social en el que se respeten nuestras libertades individuales.

Por consiguiente, nos cuesta comprender lo que está sucediendo en el Medio Oriente, donde predomina una cultura realmente distinta a la nuestra: observamos azorados cómo pueblos de países que se caracterizaban por una notable estabilidad política “estallan” y protagonizan una eclosión contagiosa. Es el caso de Túnez, Egipto, Yemen, Libia. Y otros más que pueden llegar. 

Pero hay un problema en nuestra percepción: los analistas internacionales que presentan la información ante los canales de televisión, los corresponsales de los medios gráficos, los comentaristas radiales, cuando intentan explicarnos a los habitantes argentinos –de ellos estoy hablando- las causas y la evolución de los acontecimientos que sorprenden a la “aldea global”, constantemente recurren a explicaciones de tipo geo-político o geo-estratégico. Ejemplos: “Hosni Mubarak –el depuesto líder egipcio- tiene el apoyo de Estados Unidos, ya que en los muchos años que se mantuvo en el poder supo mantener la paz y el equilibrio en una región conflictiva y clave para el gran país del Norte”. O, “Muammar Kadhafi cuenta con el sostén de Italia, ya que son numerosos los nexos –muy especialmente los económicos- que quedaron entre ambas naciones luego de que Libia fuera colonia del país europeo”, etc., etc.

Pero lo que los periodistas o especialistas en internacionales no nos dicen, y que a mí personalmente me gustaría mucho saber para tener un panorama correcto de las causas que ocasionan esta rebelión, es cómo está la gente en esos países, cuál es su situación: ¿Tiene trabajo? ¿Cuáles son los porcentajes de desocupación en Egipto y en Libia? ¿La gente tiene viviendas dignas? ¿Cuál es el porcentaje de analfabetismo en las naciones cuyos pueblos se están levantando contra sus autoridades? ¿Existen industrias que posean capacidad de recepción de mano de obra, o la mayoría de la población sobrevive con el cuentapropismo o el cultivo de sus propios alimentos? ¿Cuál es el estado de la educación pública y de la salud pública en esos estados?

Interrogantes, fundamentales, imprescindibles, para conocer la verdadera realidad de pueblos de Medio Oriente que parecen haber llegado al límite de su tolerancia. 

Me tomé el trabajo de investigar. Empecemos por Egipto: es el país más poblado del mundo musulmán, cuenta con más de 83.000.000 de habitantes en un territorio de 1.001.450 km2., ecuación que da una densidad poblacional de casi 83 habitantes por kilómetro cuadrado. Con un agravante, la mayor parte de su superficie la integra el desierto del Sahara, solamente habitado en torno a los oasis. Egipto es prácticamente un desierto, y su única zona fértil se registra en torno al Nilo, de ahí la vieja frase “Egipto es un don del Nilo”. Dice Wikipedia, al respecto: “Egipto está ocupado en su inmensa mayoría por el desierto del Sahara, que es surcado por un único río, el Nilo, que riega la única tierra fértil del país y que ha sido la principal fuente de riqueza y ha permitido el desarrollo de varias culturas a lo largo de su historia”.

Es tan así que el antiguo nombre de Egipto, “Kemet”, significaba “tierra negra”, o limo, que es el residuo cultivable que deja el Nilo en sus márgenes cuando se retira luego de las inundaciones anuales.

Otro dato: casi la mitad de los egipcios vive en áreas urbanas, sobre todo en los centros densamente poblados de El Cairo (15.000.000 de habitantes)  y Alejandría. Y cerca del 98 por ciento de su población se concentra a lo largo del Nilo. La densidad de población en las dos orillas del Nilo es una de las más altas del mundo y su crecimiento es considerado uno de los graves problemas del país.

¡Aquí está!, presiento que nos vamos acercando al núcleo del problema. Superpoblación, y esencialmente, tremenda concentración de la población. Dos problemas realmente graves para cualquier nación que pretenda tener un crecimiento aceptable que le posibilite sostener de modo adecuado a todos los habitantes que año tras año se suman a su población.

Altísima desocupación.

También leo en Wikipedia que “El rápido crecimiento demográfico ha saturado el sistema educativo. El analfabetismo es muy elevado: 32,8% en varones y 56,4% en mujeres. Muchos niños asisten a la escuela de forma irregular o no asisten porque tienen que trabajar”.

Con respecto a la sanidad, el cólera es un flagelo en las zonas rurales de Egipto debido al deficiente tratamiento del agua. La rabia no está erradicada.

Por otra parte, existen dos clases sociales muy marcadas en el país norafricano: la clase alta y media es la élite, con educación de influencia occidental, la clase baja es mucho más humilde, a la cual pertenecen los agricultores, la población urbana mayoritaria y los obreros. Entre ambas existen enormes diferencias en el estilo de vida, hábitos, alimentación, vestimenta. 

Ahora comienzo a entender porqué motivo el pueblo egipcio está tan predispuesto a llevar a cabo una revolución, porqué su hartazgo y actitud intolerable ante condiciones de vida que tanto lo humilla. Más allá de las causas “macro” (como dicen ahora los economistas), hay que ingresar a los motivos “micro”, que son los que realmente tienen la última palabra y nos dan la explicación que deseamos conocer.

Seguramente habría que hacer el mismo trabajito de indagación con las poblaciones de Libia o Túnez para entender las causas de tanta agitación, que más allá de lo lamentable de las víctimas que ocasiona, es bienvenida si terminan por mejorar el estándar de vida de esas poblaciones.

A %d blogueros les gusta esto: