El universo económico copado por la especulación

 

 Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

 

El centro financiero más importante del mundo, conocido por escasos iniciados bajo la abreviatura CHIPS (Clearing House Interbank Payments System), está situado por supuesto en Estados Unidos, exactamente sobre una de las márgenes del río Hudson, en el corazón de Manhattan, en un salón azul que tiene un tamaño un poco mayor que una cancha de tenis. Es, en definitiva, el centro de traspaso de las operaciones bancarias del país del Norte. Su dirección exacta jamás se menciona para prevenir ataques terroristas. El acceso al público en general y a la prensa en particular está absolutamente vedado.

Su importancia es tan vital que sobre la otra margen del Hudson existe una réplica exacta, con computadoras gemelas y escritorios vacíos para ser utilizados en caso de ataque nuclear, catástrofe natural o atentado terrorista.

A través de las memorias de las gigantescas computadoras Unisys emplazadas en esa desconocida oficina neoyorquina de clearing interbancario, transitan diariamente un billón de dólares. ¡Un billón de dólares!, convertidos en señales electrónicas que recorren la geografía del planeta en fracción de segundos y cambian de dueño con la misma celeridad.

Lo llamativo es que solamente un escaso 5 por ciento de esas operaciones están vinculados al comercio de bienes o mercaderías, un 15 por ciento son inversiones y los 800.000 millones de dólares de dólares restantes son transacciones puramente especulativas.

Trasladar un millón de dólares a través de la mitad de la superficie del globo demora tres segundos y cuesta 40 centavos de dólar.

Es impresionante este dato: del total de las operaciones bancarias que se transan día a día en Estados Unidos de América el 80 por ciento corresponden al circuito especulativo. Aquí entendemos porque motivo ha tomado tanto alcance en los últimos tiempos los mercados a futuro basados en el precio de los cereales –“commoditties”-, en los que los inversionistas pueden apostar a la suba del precio de los alimentos.

A mi criterio, esto indica que en el universo de la economía el sector financiero –y dentro de éste, el especulativo- ha alcanzado una dimensión tal, que supera por mucho al netamente productivo. Y esta es una distorsión que no afecta únicamente a Estados Unidos. Lo de esta nación es una muestra, una muestra realmente significativa porque hablamos del país más poderoso del mundo, pero esta realidad se puede trasladar sin temor a equivocarnos.

Seguramente muchos economistas ortodoxos y apegados a la letra de la teoría económico podrán decirnos que el sector financiero es el “alimento”, el “proveedor”, del sistema productivo, pero claro yo respondo que lo es –o lo puede ser- si su razón de ser es genuina y no puramente especulativa.

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