Hechos que pasaron a la historia (3): La muerte de Stalin

 

 

Ricardo Osvaldo Rufino   mir1959@live.com.ar

 

El 5 de marzo de 1953 el pueblo soviético no sabía si lamentar o celebrar la muerte de Joseph Vissarionovich Stalin, de 73 años. Stalin, a la vez odiado como déspota y adorado como un dios, había gobernado la Unión Soviética durante 29 años. Consiguió ganar la guerra y mejorar la industria de un país extensísimo, pero también organizó asesinatos masivos e impuso de manera cruel la colectivización agraria.

Fue el máximo líder de la Unión y del Partido Comunista de la Unión Soviética desde mediados de los años 1920 hasta su muerte en 1953. de Repúblicas Socialistas Soviéticas

A la etapa histórica de Stalin se la llamó estalinismo.

Dirigió la construcción del socialismo en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que pasó de ser un país rural a una potencia industrial. El nivel de vida de la población se elevó. En contraparte, dirigió un régimen represivo de la población, caracterizado por la presencia de campos de trabajo, campañas de represión política, y deportaciones. Diversos historiadores estiman que las víctimas del régimen de Stalin oscilan entre 4 y 60 millones de muertos.[]

Durante el gobierno de Stalin, la Unión Soviética desempeñó un papel fundamental en la derrota de la Alemania Nazi en la Segunda Guerra (1939–1945), tras la cual llegó a ser considerada una superpotencia. Mundial

A las diez de la noche del domingo 1 de marzo, su mayordomo abrió la puerta de su habitación y le encontró tendido en el suelo, vestido con la ropa que llevaba puesta ese día y sin apenas poder hablar. Se llamó a los miembros del Politburó, que lentamente fueron acudiendo a la dacha (casa de campo) de Stalin, pero nadie llamó a un médico. Finalmente, pasadas 24 horas, Beria hizo venir a algunos doctores que dictaminaron que Stalin había sufrido una apoplejía y había caído fulminado.

La agonía de Stalin se alargó varios días más. En ocasiones abría los ojos y miraba furibundamente a quienes lo rodeaban. Se cuenta que en estos momentos Beria le cogía de la mano y le suplicaba que se recuperase, pero cuando volvía a desvanecerse le insultaba y le deseaba una dolorosa muerte. El día 4 aparentó una súbita mejoría y una enfermera comenzó a darle de beber leche con una cuchara, lo que hizo que el enfermo señalase un cuadro que había sobre la cabecera de su cama, donde una niña daba leche a una oveja. En ese momento, sufrió un nuevo ataque y entró en coma. Los médicos que atendían a Stalin le practicaron reanimación cardiopulmonar en las diversas ocasiones en que se le detuvo el corazón, hasta que finalmente a las 22:10 del día 5 de marzo no consiguieron reanimarle. Según algunos testigos, los enfermeros siguieron esforzándose hasta que un lacónico Khrushchev dijo: “Basta, por favor… ¿No ven que está muerto?”.

En el contexto del clima de paranoia oficial que Stalin siempre se encargó de fomentar, sus posibles sucesores –Malenkov, Molotov, Beria, Bulganin y Nikita Khrushchev, que sería el finalmente elegido- actuaron con suma cautela. Se pidió a la población una y otra vez que permaneciera en calma y unida. El temor al disenso, al caos y al alzamiento saturó al Kremlin ante la desaparición física del hombre que había gobernado con mano de hierro a la segunda potencia mundial.

Finalmente un triunvirato integrado por Malenkov, Beria y el ministro de Asuntos Exteriores, Molotov, asumió el control gubernamental. Beria, jefe de Seguridad Interior, planeaba hacerse con el mando, pero Khrushchev, presidente del Comité Central del Partido Comunista, y Malenkov se unieron para impedirlo. En julio lo arrestaron por complicidad con el terror estalinista y fue condenado y ejecutado.

La acción fue escandalosa: era como condenar al mismo Stalin. Además, si Beria era culpable, Khrushchev y Malenkov también lo eran. Cuando el partido avanzó hacia el proceso político conocido como desestalinización resultó imposible determinar si los líderes del país estaban dirigiendo una revolución o un nuevo tipo de purga.

Después del fallecimiento de Stalin, el nuevo Secretario General del PCUS Nikita Khrushchev, inició un proceso por el cual se denunció el eufemístico “Culto a la persona”. Esto dio inicio a la desestalinización, por el cual se denunciaron los crímenes cometidos por Stalin en contra del Estado Soviético y el Partido Comunista. Su punto culminante sucedió durante el XX Congreso del PCUS en 1956, en el cual Khrushchev pronunció al cierre del mismo, el conocido Discurso Secreto. En lo que respecta a éste, el historiador ruso Roy Medvedev, autor del libro “Stalin: que juzgue la historia”,  escribió lo siguiente:

“Khrushchev, por supuesto, había participado de cerca en las represiones de Stalin, pero también ignoraba la mitad de lo que estaba sucediendo. Todo el sistema estalinista de gobierno estaba construido sobre la base del secreto absoluto en el que sólo el Secretario General mismo conocía todo el panorama. La base del poder de Stalin no era el terror sino el total monopolio de la información. Khrushchev, por ejemplo, quedó pasmado cuando descubrió que en los años 1930 y 1940 aproximadamente 70% de los miembros del partido fueron aniquilados”.

 En Occidente Stalin es visto como un dictador tiránico y brutal y, a pesar de ello, se conservan varios partidos que se autoproclaman estalinistas

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