La desigualdad, causa de la crisis

de Josep Borrel   

A seis semanas de las elecciones del mid term americano, un Informe de la Oficina Federal de Estadística, el Census Bureau, más o menos equivalente a nuestro INE, muestra cómo la pobreza ha aumentado mucho en 2009, especialmente entre negros e hispanos.

Durante el primer año del mandato de Obama, cuatro millones más de “nuevos pobres” han aumentado hasta 44 millones la cifra de americanos viviendo en la pobreza.

El Informe señala cómo 1 de cada 7 americanos es pobre y 1 de cada seis no tiene cobertura médica.

Pero sobre todo muestra la tendencia imparable de la sociedad americana hacia la desigualdad y hacia la precariedad de las clases medias. Desde el 2000, la renta mediana del hogar tipo ha bajado de 51.200 a 49.700 dólares.

Hubiera podido ser peor sin los planes de estímulo fiscal de Obama. Pero ese informe vuelve a poner de relieve la relación entre pobreza, desigualdad y la crisis. Una crisis que se inicio en el sistema hipotecario americano y se ha extendido y ha cambiado de naturaleza hasta convertirse en una crisis financiera global y en una crisis de las deudas soberanas y de la zona euro.

Los fundamentos de esta crisis mutante están en la interacción entre el doble movimiento de globalización y de desregulación, que han producido los grandes desequilibrios comerciales globales y bilaterales. Pero creo que hay dos crisis de las que se habla menos y sin embargo son las raíces profundas de las demás: una crisis de un sistema de crecimiento basado en la desigualdad y la crisis de un sistema productivista que encuentra sus limites en las restricciones impuestas por los problemas ambientales.

Y, en mi opinión, la causa profunda más inmediata de esa crisis mutante ha sido el extraordinario crecimiento de las desigualdades. Entre países y en el interior de cada país. Pero la más importante ha sido el crecimiento de la desigualdad de las rentas en las sociedades occidentales.

Y no es la primera vez que ocurre. Después de la gran recesión, el que fuera presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Marriner S. Eccles, que trabajó en el New Deal del presidente Roosevelt, decía que si se hubiese distribuido mejor la renta nos hubiésemos ahorrado la crisis. Ahora ha pasado lo mismo a mayor escala.

Ese incremento de la desigualdad ha sido especialmente importante en EEUU. Todos los datos lo muestran. Por ejemplo, en 1976 el 1% de las rentas más altas recibían el 8,9 % de la renta total. En el 2007 se llevaron el 23,5 %.

El crecimiento de la desigualdad tiene que ver con como se ha distribuido la mayor renta que se ha producido. Por cada dólar adicional de renta generado, en los últimos 10 años, 56 céntimos se los han llevado el 1% de la población.

Desde el punto de vista de la distribución de la renta la sociedad americana ha retrocedido casi un siglo,ha vuelto mas o menos donde estaba antes de la crisis del 29.

La gran mayoría no se ha beneficiado del crecimiento. ¿Es eso realmente el progreso? Pienso que una sociedad progresa en la medida que supera los obstáculos para mejorar la vida de la gran mayoría y especialmente de los que están peor. Ése no ha sido el caso de la mayoría de las sociedades occidentales en los últimos 10 años.

El caso americano es especial y hay notables diferencias con lo que ha ocurrido en Europa. Pero la tendencia al crecimiento de la desigualdad se ha producido allí y aquí.

Las desigualdades salariales se han alargado por los extremos. En 1968 el Presidente ejecutivo de General Motors obtenía entre salarios y prestaciones complementarias 66 veces el salario de un empleado típico de la cadena. Hoy el ejecutivo máximo de val.-Mart,cadena de supermercados de productos de bajo coste la mayoría importados y campeona de los salarios bajos,gana 900 veces el salario de un empleado medio. Y la familia Val Mart tiene una riqueza acumulada de 90.000 millones de dólares equivalente al 40% de la población más pobre de EE.UU.

Los ejemplos de esta situación son muy numerosos, el gestor de “hedge fund” John Paulson ganó en 2007, 3.700 millones de dólares,75.000 veces el salario mediano de EEUU. Podemos poner muchos más, el salario medio de los ejecutivos de las 50 empresas cotizadas en la Bolsa de Nueva York que más gente han despedido durante la crisis es de 9 millones de dólares.

Pero el problema no es sólo la comparación del 1% o del 0,1%, con el 99% restante. Es la relación entre el 10% superior y el 50% inferior lo que cuenta macroeconomicamete, o entre el 10% de arriba y el 10% de abajo lo que cuenta socialmente.

Son las clases medias y medias bajas las que han visto sus rentas comprimirse. Los salarios de las clases medias americanas, de los trabajadores americanos, que son la masa de la economía, no han seguido el aumentado de la productividad y han tenido menos dinero para consumir o invertir.

Y una de las causas de la crisis ha sido el excesivo nivel de consumo de los americanos con respecto a su renta disponible.

Y ese consumo ha sido financiado a crédito. En vez de salarios se dieron facilidades de acceso al crédito a tipos de interés bajos y en condiciones de dudosa solvencia. Para hacer frente a los problemas sociales derivados de un peor reparto de la renta, en vez de distribuirla mediante mejores salarios o redistribuirla mediante mayores impuestos (en realidad se ha hecho lo contrario, los impuestos a los niveles altos de renta han bajado) se ha facilitado el acceso al endeudamiento. Y eso es lo que ha provocado la burbuja de crédito en EEUU.

Retomemos en detalle la palabras de M.S.Eccles: “Si la renta nacional hubiera estado mejor repartida y los miles de millones que se han dedicado a la especulación financiera se hubiesen distribuido en forma de renta a las familias y en capacidad de inversión real a las empresas nos hubiéramos ahorrado una buena parte de las crisis”.

Se podría decir lo mismo ahora. Pero ahora el aumento de la desigualdad se ha compensado con la facilidad del endeudamiento. La percepción de desigualdad disminuye si uno puede comprar prestado lo que su renta corriente no le permite.Y si las casas compradas a crédito suben de valor rápida y permanentemente, la sensación de riqueza y con ella la propensión al endeudamiento, aumenta.

En realidad, desde los años 80, el acceso al crédito fácil para compensar las crecientes desigualdades ha sido utilizado por muchos gobiernos porque encuentra menos resistencias políticas que utilizar los impuestos como instrumento de redistribución.

Pero después los hechos han demostrado que, a medio plazo, esa es una forma muy cara y socialmente traumática de redistribuir el poder de compra. Y no parece que las medidas de salida de la crisis vayan a resolver ese problema básico de crecimiento de las desigualdades.

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